Por Patxi, hace 11 años y 3 meses

Por la muerte de una dama

  • Los vecinos de La Cándana rindieron homenaje a la histórica Dama de Arintero, que según cuenta la leyenda, murió en la localidad cuendo volvía a casa después de la guerra14/08/2006 J. A. Barrio Planillo /Diario del León
  • Cuenta la leyenda leonesa que después de que Fernando el Católico le concediera privilegios, por haber luchado como hombre y cumplido en el campo de batalla contra las huestes de Juan la Beltraneja, la Dama de Arintero decidió volver a su pueblo. Cerca de casa, según algunos relatos, se paró a ver una partida de bolos y allí la dieron muerte, sin que pudiera alcanzar su destino. En ese lugar en el que la historia concede la muerte del caballero Oliveros, en La Cándana de Curueño, ayer los vecinos le rindieron un homenaje a título póstumo para dejar testigo de la famosa figura de Juana García, la dama de Arintero, que fue asesinada en la localidad leonesa en el año del señor de 1476, según reza el romance que circula de boca en boca por cada uno de los valles de la montaña, el mismo que repetían las abuelas al calor de la lumbre del hogar en los filandones, cuando León todavía era León. Para que esta cultura oral y escrita -que ha recibido entidad recientemente con la novela escrita por Antonio Martínez Llamas- no se pierda por el mismo camino que desaguan otras muchas briznas del acervo leonés, los lugareños de La Cándana de Curueño inauguraron el monolito en coincidencia con las fiestas patronales, para dar entidad a la iniciativa, con la que pretenden asentar el suceso histórico dentro de los límites municipales Bajo la cruz de madera que señala la muerte de la Dama de Arintero, los vecinos de la localidad hablaron entretenidos de aquella a la que llaman «la hija de la guerra», en un acto emotivo que se cerró con un vino español. Al sabor local, alguno de los más viejos recordó que, según cuenta la historia, Juan García asistió a la guerra en tiempos de Fernando V y que el propio rey mando asesinarla por el mero hecho de ser una mujer»; mientras que a su vera otro de los que cursan residencia en la vega del Curueño aludía a «la heroicidad de la mujer por asistir a la batalla para mantener el orgullo de su casa, donde su madre sólo había concebido hembras». Entre variaciones y matices, todos los vecinos disfrutaron del recuerdo y la leyenda, que tiene una importancia capital en la memoria de las gentes de toda la ribera del Curueño. Si esta heroína popular nació en Arintero, pueblo alto de la montaña leonesa, junto al Curueño, también fue a morir en La Cándana, a orillas del mismo caudal en el que la alumbraron. Hay una cruz y una placa que así lo dicen en el pueblo de La Cándana.