Por Patxi, hace 7 años y 5 meses

Isidro ,el curandero de Boñar, falleció a los 83 años

Recojo esta noticia de La Cronica de León.
Creo que muchos de nosotros hemos pasado alguna vez por sus manos. Ahi queda su recuerdo en palabras de F.Fernandez.
OBITUARIO

«¿Qué será ahora de mis rodillas?»

Isidro Martínez, el popular curandero de Boñar, falleció el lunes a los 83 años

85353 

F. Fernández / Cármenes
La última vez que llevé a una mujer de mi pueblo (a 45 kilómetros de Boñar) para que Isidro 'El curandero' le viera una rodilla atacada de vejez, la despedida de Elena fue con una frase contundente: «Ay, don Isidro, usted no se tendría que morir». Isidro sonrió, como si ya lo hubiera escuchado mil veces, pero no le dijo nada, aunque ya era vox populi que estaba enfermo. Pocos días después pegó a la puerta de su consulta una pequeño letrero que decía: 'Cerrado por jubilación'.
Ningún pequeño cartel escrito a bolígrafo había dado tanto que hablar. En muchos kilómetros a la redonda se habló de él: «Ya no atiende el curandero de Boñar. Creo que está muy enfermo».
Todo era cierto. Ya no atendía y estaba muy enfermo. En el último año y pico ha peleado por la vida. De casa al hospital Monte San Isidro, de allí a casa, a una residencia. Y ayer se fue. Se lo dije a Elena y remató la frase, aclaró a qué lugar se ha ido: «Al cielo, si ese hombre no va, al cielo no entra nadie. ¿Qué será de mis rodillas?».
No era una fanática de las técnicas y los buenos oficios de Isidro Martínez, era una más de los cientos, miles de militantes en la fe de este llamado curandero (en realidad era enfermero) con una indiscutible habilidad para tratar todos los problemas de huesos, músculos, tendones… Desde todos los rincones de la provincia y más allá le había llegado gente, 'mancados' que habían escuchado los milagros que se le atribuían y él negaba: «Es cierto que tengo una habilidad, o experiencia, para ver dónde están las lesiones y para componer, además de dar algunos consejos para la recuperación». Y una fuerza en sus manos que todos recuerdan, al margen de las ventosas y los vasos en los que hacía el vacío. Cuando las gentes del campo iban a recoger la hierba, descubrían su torso y aparecía un enorme moratón, surgía la pregunta: «¿Qué te pasó, que tuviste que ir a Isidro?».
– A que me compusiera–era la respuesta más habitual–.
El buen hombre vio de todo en su consulta. La última vez que hablé con él me contaba cómo ya hace muchos años un día apareció un hombre en silla de ruedas, que había tenido un grave accidente, para que le viera. Isidro no le dejó ni entrar en la consulta, le habló con claridad, le dio unos consejos para que no se le hicieran llagas y le invitó a un café en un bar cercano. Isidro no engañaba a nadie, arreglaba lo que podía arreglar y te remitía al Hospital cuando era lo más oportuno.
Otra cosa es lo que los pacientes percibían con la fe que tenían en él. A la mujer de la que empecé escribiendo, Elena, le dijo con claridad que ya iba para los noventa, que lo que tenía era desgaste y le dio una serie de consejos para nada más levantarse, para pasear, para la noche… A los pocos días le pregunté: «Estoy mucho mejor».
Los consejos son los mismos que le había dado el médico, pero a don Isidro le hacía caso.
Ayer estaba la lucha leonesa de luto pues ha muerto muy joven el hermano del anterior presidente de la Federación. Hoy está de nuevo de luto. Isidro El curandero de Boñar también era la panacea de muchos luchadores que acababan un corro con un tobillo hinchado como un boto o con la muñeca en semejantes circunstancias y también marchaban para la Villa del Negrillón con la misma fe que si fueran a la clínica donde operan al Rey. Ernesto, El Viejo Profesor de Argovejo (por citar a uno), repetía con cierta frecuencia: «¡Cuántos corros me ganó Isidro! Tuve días de torcer el tobillo que no podía ni ponerlo en el suelo y al día siguiente luchando».
Habría mil historias sobre Isidro, en cada casa de la comarca hay varias que hoy se contarán en todos los bares y en todas las cocinas. Gentes del campo, deportistas, veraneantes… Todos han pasado por su consulta.
Aquel pequeño cartel de 'Cerrado por jubilación' ha sido sustituido por una esquela, la más comentada de la comarca y la que más triste pone a muchos pacientes que se preguntan como Elena «¿qué va a ser de mis rodillas?».
– ¿Cuántos años tenía ya Isidro?
– Ochenta y tres.
– Tenía que haber vivido otros ochenta y tres.

3 comentarios

Gravatar #1. aseret
hace 7 años y 5 meses

Solo tengo palabras de gratitud para Isidro el Curandero de Boñar, he acudido a él en varias ocasiones y aunque la espera era de lo mas desesperante , he de comentar que sus conocimientos y la práctica de sus metodos aunque fuera una simple ventosa, en mi caso fueron totalmente eficaces. Le echaremos en falta.

Gravatar #2. julio ruiz miranda
hace 7 años y 4 meses

Al encontrarme hoy con este blog de comentarios sobre D. Isidro, quiero expresar también mi opinión. Era una persona FUERA DE SERIE, aparte de su eficiencia como «curandero». Tenía a sus espaldas muchísimas horas de práctica. Pero creo que el éxito en su trabajo, que podrian testimoniar miles de pacientes, se debía a que era MUY INTELIGENTE, y una GRAN PERSONA.

Gravatar #3. aivlis
hace 5 años y 9 meses

Yo le debo tanto a D. Isidro, soy medico, pero fui paciente suya muchas veces y envié a mis pacientes.Siempre una sonrisa, me acuerdo de haber ido por pinzamientos, por esguinces,.....y siempre me curo.Creo que se ha ido un angel al cielo.Gracias D. Isidro, ha sido un honor conocerte.

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