Por Patxi, hace 7 años y 8 meses

Miguel Delibes y nuestros Gallos

Hoy ha muerto Miguel Delibes fue un novelista y miembro de la Real Academia de la Lengua Española desde 1975 hasta su muerte, ocupando el sillón «e».

En homenaje a su obra os dejo un articulo pulicado en Junio de 1986, en los periódicos ABC (en la pagina 3 del 9 de Junio) y en La Vanguardia (en la página 7 del 1 de Junio) en el que se refería a los los Gallos del Curueño, en un viaje por nuestras tierras.

Ya se que el título de dicho reportaje no está muy acertado, pero lo realmente importante es su contenido.

Espero que lo disfruteis.

LOS GALLOS DE BOÑAR

 

                      ESPECIALES, son gallos especiales, gallos que sólo se dan aquí, en estos pueblines, que sale usted de ellos y ni en Nocedo, ni en Valdorria, ni en La Mata de la Riva, ni en el mismo Boñar, que está ahí pegando, se crían. El porqué no me lo pregunte, porque, mire usted, el que un pollín de estos se críe en La Cándana y no se críe en La Vecilla, que está a un paso y más alto, es algo que no se explica, pero así es.

                          Cada gallo va a juego con su gallina, o sea una gallina corriente, de esas rojas que ve usted ahí, no vale para el cruce, vale para huevos pero no para hacer pollos. La gallina tiene que ser negra y gris para la pluma india, con una collarina amarilla tal que así, por el pescuezo, que es de donde se saca la pluma que llamamos flor de escoba.

                      Los galleros de Boñar no se dedican a la cría de gallos de pelea, sino a la cría de gallos de río, de pluma fina. El gallo de Boñar (León), de una zona concreta de Boñar —Ranedo de Curueño, La Matica. La Cándana, Campohermoso- es un gallo de pluma lustrosa y jaspeada, apropiada para fabricar mosquitos para la pesca de salmónidos. Al decir de los entendidos, el gallo que se cría en esa zona no puede aclimatarse en otra, pierde el lustre y, en consecuencia, su poder de seducción. De ahí que el mosco de Boñar se cotice más alto que el mosco de otros pueblos y regiones. Y de ahí también el jubileo que esas plumas provocan, bien de pescadores que prefieren manufacturarse sus engaños, bien de fabricantes de moscas, bien de los primeros que actúan como intermediarios y venden al por menor en la ciudad lo que compran en el campo al por mayor. «Alguno de esos ha hecho un dineral, menuda», le asegura al cronista Amelia Robles, viuda, vecina de Ranedo de Curueño, que se gana la vida pelando trimestralmente dos docenas de gallos que ahora merodean en torno a la casa, escarbando entre las boñigas, emitiendo triunfales quiquiriquís. Sus vecinos, «diez, once, no, doce, también crían gallos, como todos los habitantes de esta zona, porque aunque no nos hagan ricos, algo dejan». Conmueve el recelo de esta anciana que toma al cronista por un inspector que viene a husmear en los ingresos que le procura su modestísima industria. Tras de la casa se empinan los prados y más arriba riscos cubiertos de nieve deleznable que empieza a fundir. El agua canta en las cárcavas y corre a engrosar el caudal del Curueño, al fondo del valle, que, más abajo, afluye en el Porma. En las faldas, entre río y montaña, bosques de robles con hoja de invierno. Matos de brezo y escoba, hirsutos, encogidos, sin florecer aún.

            Aquí, a Ranedo, los primeros gallos que hubo vinieron de La Matica. En La Matica, La Cándana y Campohermoso, yo he conocido estos gallos de siempre, desde que era chavala. En cambio, en Matallana, que está a un paso, ya no. Bonitos ya lo creo que son, pero hay que ver lo que comen, y de lo bueno no crea usted, que los mis pollines se alimentan de maíz, trigo y cebada, más un poco de fresco que cogen de las alfalfas. Y, también de vez en cuando, los vacuno, una vacuna contra la cólera o la peste o como la llamen. Los vacuno de recién nacidos, sí señor, apenas echan la capa, una vacuna de la botica, y luego los vuelvo a vacunar, cuando se tercia, que por un ejemplo, llega un día mi nieto y me dice: 'Abuela, a Fulano, el de La Matica, se le está muriendo un pollín'. ¿Se da cuenta? Entonces voy yo y los vacuno. Y como yo todos los vecinos del pueblo. Y así hasta otra. Hay que atenderlos, que un gallo de estos vale mucho dinero, hasta diez mil pesetas, que una vecina mía vendió cinco el año pasado y cincuenta mil pesetas le dieron. Por eso, tanto los pollos como los huevos son especiales, que hay que ver la sustancia que tienen los huevos estos, que los de granja los echa usted en la sartén y se quedan aplastados, como la suela de un zapato, y éstos aumentan, se ponen blanquines, se rizan, da gusto verlos. En cuanto a los pollos, si valen lo que valen es por el lustre, ni más ni menos, por la raza, que desde que nacen, una vez que a los siete meses les hago la limpia, la capa ya tiene brillo, unos más que otros, natural, que, por un ejemplo, como el de flor de escoba hay pocos. Claro que para que le salga a usted uno bueno de flor de escoba hay que tener paciencia, aunque le advierto que el corzuno, que tiene la penca más fina y así como escalerada, también se paga muy bien. El lustre es de condición, como le digo, de raza, pero para que no lo pierdan, tiene que andar el animal al aire libre y al sol, que los encierra usted un par de días y ya lo han perdido. Y lo mismo si le saca usted de aquí. Saca usted un pollo de estos pueblines y en seguida se degenera y, en cambio, le lleva usted de aquí a La Matica y se queda igual, qué digo igual, acaso mejor, ya ve qué cosas. Escomo las gallinas de pluma india, esas grismas que ve usted ahí, tan guapas. Bueno, pues una gallina de esas mejor cría en La Cándana que en cualquier parte. Y tengo ahora veintidós gallos de pluma distinta, que cada luna la trucha quiere una diferente, por lo general de negra a blanca, conforme van templando las aguas. Y he llegado a quitar catorce mazos del lomo de un gallo. La colgadera ya es otra cosa, se paga menos. Pero he tenido gallos que entre plumas de lomo y colgaderas me han dejado más de veinte mazos. Y si cada mazo tiene doce plumas y las pelas se hacen cada tres meses, eche usted cuentas. Tanto da en invierno como en verano, sí señor, siempre que la pela se haga en menguante. El mazo puede valer hasta500 pesetas, pero eso son los buenos, buenos, los más pasaderos no se pagan arriba de 1 50 o200. Una vez pelados, a los tres meses la pluma vuelva a salir, ni más fuerte ni más floja, aun-que a veces la nueva tiene más lustre. Lo de pelar un gallo no tiene ciencia, mire, yo le cojo talque así, con esta mano le sujeto y con la otra le voy quitando pluma a pluma, eso sí, sin tirar para arriba, con cuidado, empezando por el pescuezo y terminando por el rabo, Luego le quito todo alrededor y unas pocas colgaderas y, una vez que tengo doce plumas, ato los mazos con un hilín y las voy cosiendo en un cartón para que el plumero las vea como es debido y al gallo le unto bien con aceite para que la pela dura no se le infecte. La vida de un gallo, como la de las personas, dura lo que Dios disponga, pero yo tengo gallos de seis años y cuanto más viejos son, mejores plumas me dan, o sea, más largas, de más obra. Por eso yo nunca sacrifico a los mis polines, se me mueren de viejos. Y puedo decirle otra cosa: la carne de estos gallos es más rica que la de los otros, tiene poco momio porque este gallo no es de ceba, pero sustancia, ¡ay, madre, qué sustancia tienen estos animales! ¿Si sube gente por pluma? Más cada día, y eso que el negocio está difícil, que hay que verlo que cuesta hoy alimentar a estos bichos. Si le dijera que por un saco de trigo de cincuenta kilos estoy, pagando dos mil pesetas, no se lo cree. Y los mis pollines se comen un saco de esos en quince días, incluso ha habido meses de gastar tres sacos, que a mí me gusta echarlos a los pebrinas y ellos nunca se sacian. Eso sin contar otras quiebras que hace tres años, con eso de la contaminación, la gente no pudo pescar y una servidora se quedó con toda la pela en casa. ¡Ni una pluma vendí!

           Y lo mismo le digo de los bichos esos, el raposo o el garduño, o como los llamen, que el invierno pasado a mí me mató cinco pollos y treinta a la mi hija, hágase cuenta, pero de los mejorcitos, ¿eh?, muchos de ellos de flor de escoba, eso sin contar los pavos que cría para Navidad. ¿Mosquitos? Eso depende. Hay plumas de mucha obra de las que salen hasta tres, pero lo corriente es uno o dos. De todos modos, si el mazo de plumas se vende a doscientas pesetas y el mosco a ochenta, ya ve usted si trae cuenta. Eso si no compra usted colgaderas, que tienen más obra y cunden más. Así es que los clientes suben de todas partes, de León, de Santander, de Bilbao, ¡hasta de Madrid suben, hágase idea! Pero a nosotros nos trae más cuenta que vengan los plumeros, los del oficio, porque aunque pierdas mil pesetas con ellos, te dan el dinero junto y se llevan todo, lo bueno y lo malo. Para - la mosca seca se usa una pluma especial, las colgaderas esas que son un poco ablancadas, o esas otras pequeñitas, de junto a la cabeza, que es peligroso quitarlas porque a lo mejor el gallo se muere. Yo sólo las quito a veces para complacer a una amistad, para un señor que responda, ¿me entiende?, que hay uno de Madrid que cada vez que viene por casa me pide unas plumas de esas, pero muy atento me advierte: 'Señora Amelia, si el gallo se muriera por esto, el día que vuelva por aquí se lo pago entero, ya lo sabe'».

MIGUEL DELIBES De la Real Academia Española 

2 comentarios

Gravatar #1. Pili
hace 7 años y 8 meses

Qué gran homenaje a Delibes, Patxi. Gracias por esta joya.

Gravatar #2. aseret
hace 7 años y 8 meses

Interesantes artículos con los que nos deleita Patxi, el último relativo al Catastro de La cándana me ha encantado, por el contenido, por los terminos utilizados, no parece que haya pasado tanto tiempo ...

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