Por Manolo, hace 8 años y 2 meses

APORTACIÓN CANDANESA AL REINO DE...

Manuel Rodriguez DIez/ 26-02-2010

Tras leer con fruición el resumen histórico que nos ha presentado Patxi, no puedo resistir a la tentación de compartir con los lectores algo que tiene que ver con una aportación candanera a la historia del reino leonés. Antes de citarla, me permito una introducción.

Los regionalistas que abundan en nuestra tierra nos quieren convencer de que existió un Reino de Llión, que otros defienden debería escribirse LlÏón, donde se hablaba la llingua llionesa o llÏngua. No es mi intención discutir si eso es correcto o no. Sí quiero recordar que León no se deriva del nombre latino del rey de las fieras, Leo, sino de Legión, dado que la ciudad nace como campamento de la Legio VI Victrix y más tarde de la Legio VII Gemina. O sea, que el nombre que por muchísimo tiempo tuvo la ciudad fue Legio que, poco a poco, cambió a Legion y mucho más tarde a León. De hecho, aún hoy día, el nombre oficial de la diócesis leonesa, más antigua que el reino, es Diócesis Legionense. Parte de la confusión se origina por el pendón de León -de paso, el más antiguo de España- en que aparece el animalito en cuestión. Y ese león no tiene nada que ver con el nombre de la ciudad o del reino. Lo usó el rey Alfonso VI allá por 1098 cuando él, como sus antecesores eran regnantes in Legionen, como indica Patxi. Si en dicho pendón aparecía un león era porque en la muy simple heráldica de aquel tiempo el león significaba la fuerza y el poder real, del rey. El pendón se convirtió en el `oficial' del reino poco a poco. Pero León, ciudad y reino, fueron Legión por siglos. Que yo sepa, sólo existen tres documentos en los que el nombre de la ciudad , no del reino, aparece escrito como Llión (de paso, sin acento, que no existía in illo tempore. Mi opinión personal, que vale muy, muy poco, es que se trata de una simple equivocación del amanuense Como la 'candanesa' que vais a conocer a continuación.

Lo siguiente es una minúscula cita de un juicio entre La Cándana y los pueblos limítrofes a causa de la propiedad y uso de los montes candaneses, juicio que comienza a principios del siglo XVI y que históricamente no ha concluido aún.

«Sentencia del Bachiller Saucelle, 24 de julio de 1522.

Por mí, el bachiller de Saucelle, teniente de Alcalde Mayor del adelantamiento del Reino de Lechón (sic), Juez de Comisión de Sus Majestades, visto un proceso de pleito que ante mí ha pendido y pende entre partes, conviene a saber: el Concejo e hidalgos del lugar de La Cándana de una parte, actor demandante y defendiente, y de la otra el Concejo y hombres buenos de los lugares de Pardesivil y Vegaquemada y Otero y La Avecilla...

(Las tildes, comas y otros signos de puntuación son adaptación mía).

Y el documento sigue y sigue y sigue, porque nuestros antepasados eran de lo más peleón que uno pueda imaginarse, llegando a las manos en muchas ocasiones y organizando verdaderas razzias que tenían en vilo a las tribus más pacíficas de los alrededores. Pero, bueno, eso es harina de otro costal.

A lo que íbamos. A mí, entre todas las acepciones que los `historiadores' modernos nos ofrecen sobre cómo debería llamarse nuestro reino, la verdad sea dicha, y con respeto a todas las opiniones habidas y por haber, puesto elegir, la más tierna, suculenta, sabrosa, crujiente (¡si hasta se le hace la boca agua a uno!) y apetitosa versión, ¡de 1522 nada menos!, es la del Bachiller Saucelle, que para eso era Acalde Mayor y Juez de Comisión de Sus Majestades; vamos, que tenía autoridad. O sea, que me quedo con el Reino de Lechón, que me gusta (¿y a quién no?) más que Llión, Llión y hasta León.

1 comentario

Gravatar #1. Dani
hace 8 años y 2 meses

Para los fanáticos del Reino de León, si aceptamos LEGIO-LEGIONIS como origen del término León. Salvo opinión más autorizada:

Desde LEGIO las reglas de acentuación latinas indican que es una palabra esdrújula ya que la penúltima sílaba es breve: LE–GI-O. El fonema /l/ en posición inicial de palabra generalmente se conserva en castellano. La pérdida de los casos latinos pudo hacer que se asumiera la –n de LEGIONIS, o su añadido es un procedimiento romance, quizás para diferenciar, ya que las consonantes latinas finales generalmente se pierden. A partir del siglo II-IV d.C. se produce una serie de palatalizaciones que para la estructura /g + yod/ intervocálica ocasionarán una evolución fonética a [y] al ser la precedente /e/ y finalmente a su desaparición por la influencia de esa yod 3ª (la i como margen silábico). Es decir, desaparece –gi- y se sustituye por [y] que también desaparecerá finalmente.
En el caso de que /e/- tónica fuese larga en latín su evolución normal es /e/ y no sería inflexionada por la yod. Sin embargo, si era /e/ tónica breve su evolución normal hubiera sido /ie/, es decir algo así como [lieo], pero al existir esa yod inflexionaría sobre su comportamiento habitual y se cerraría la abertura vocálica llegando a /e/.

En definitiva la existencia de esa –i- como átona es la que lleva a que desde una palabra como LEGIO se llegue a > Leyo > León y no a *Lieo, *Liegio, *Lieio, *Leio.

En todo caso, me voy a dar una vuelta por la ciudad más interesante del planeta. Sí, amigos, Madrid.

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